domingo, 31 de enero de 2016

Amor incondicional

Gabriel Humberto:

Te escribo a poco tiempo de tu llegada. Hace un tiempo tu papá, tus abuelas, tu tía Silvia y yo... Gracias a la intervención divina de tu tía Gaby, vivimos una experiencia de conexión con lo sagrado y divino que tiene cada una de nuestras vidas.

Durante un tiempo de mi vida, tu abuelo permitió, con un pequeño comentario que  me maecó para siempre, que emprendiera la búsqueda de mi divinidad. Me dijo que creía en un dios con el cual yo día a día me distanciaba, pero que él creyera en esa forma de lo divino, no significaba que yo tendría que hacer lo mismo.

Traigo eso a colación porque justo en esa experiencia, con la que empecé a escribirte este post, vi en un mismo instante la presencia de lo divino y la multiplicidad de la expresión de lo divino.

Al inicio de tu vida, cuando estábamos en el caos que a veces antecede (no debe ser así necesariamente) a algo o alguien muy grande, fue también tu abuelo quien cuestionaba cómo tu papá había pedido que llegaras a nuestra vida y que dudaba que eso hubiera pedido también tu abuela.

Era su miedo y el mío expresado de no tener todas las certezas y todo lo material resuelto.

El miedo nos ayuda a anteponernos y protegernos de peligros, que pueden ser reales, aunque muchas veces son infundados.

El miedo ha sido también gran parte de mi proceso al iniciarme en el camino como tu madre, y siempre hay formas de rectificar. Y ahorita de pronto siento que yo tenga miedo no significa que también tu lo tengas. Me parece más bien que has sido y eres tan valiente.

Continuará 


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