jueves, 26 de octubre de 2017

La japonesa

Querido Gabrielon:

Este es el segundo escrito que te hago respecto a lo ocurrido en el 19S (19 de septiembre de 2017 a las 13:14 horas). Es un ejercicio que me pidió la psicóloga, que amablemente me atendió hace unas semanas, y en otro espacio nos sugirieron que era bueno dejarte por escrito la doble historia: lo atroz de la situación y las muestras de humanidad que estamos viviendo.

En fin, esta entrada tiene como título "La japonesa". Para todo coapeño que se respete (al menos eso creo), referirse a un lugar con este nombre, le quedaba claro que no se trataba de una escuela, una cantina o una señora loquilla caminando por los alrededores. Para todo sureño de la zona, "La japonesa" era (o es... me cuesta trabajo pensarla en pasado) una papelería que en realidad se llamaba algo así como Fujiyama. Una casa de tamaño regular, con motivos en el techo que emulan el techo de una pagoda y al frente un espacio mágico que es el local.

A la japonesa llegamos me parece cuando todavía tus tías y yo estábamos en un nivel escolar en dónde era necesario hacer maquetas.

Al inicio atendía un señor, ya mayor, japonés o de ascendencia japonesa, que lo que tenía de serio, lo compensaba con una excelente disposición y atención al cliente. Si eso no fuera suficiente, su conocimiento del mundo papelero y su gran acervo de material era impresionante, tanto que encontrabas todo lo necesario para hacer una maqueta o una obra maestra de la pintura. No mucho tiempo después, quien empezó a dirigir el negocio familia fue su hijo que ante las múltiples solicitudes (porque ir a la japonesa era alocarse y querer comprar todo) siempre preguntaba en un tono muy característico "¿qué más?". Además durante años (literal) nos imaginábamos que tenía un nombre súper japonés impronunciable ... hasta que finalmente me atreví a preguntarle cuál era su nombre ... y para nuestra desilusión se llama Jaime jajajaja. Después empezaron a tener cada día más empleados, pero siempre guiados por el buen servicio, seriedad y conocimiento del negocio por parte de sus dueños.

La japonesa era o es tan parte de la vida de tus abuelos, bisabuelos y tíos, que incluso ante la pregunta "¿en dónde estás?" Normalmente generada por tus abuelos y/o la tía Silvita ... respondíamos "Por la japonesa". El primer trabajo de la tía Silvita surgió de haber dejado un volante en el mostrador principal ofreciendo sus serivicios como nana especializada y/o institutriz de Harry Potter que como bien sabes lo estricta y locuaz si le queda.

Todo este cuento para hacerte ver la importancia y la querencia que le tenemos al lugar.

La Japonesa fue uno de los lugares más afectados, que no se desplomaron el día del temblor, pero que si quedaron inhabitables. En un inicio fueron tus tíos Navarros los que nos comunicaron esto. No sé si porque estaba en negación o porque justo en esa misma calle, pero cruzando acoxpa, se encontraban tanques militares, coronas funebres y un espacio de desolación en torno al de plano si desaparecido Colegio Rebsamen... El caso es que de primer momento, todas las veces que pasaba por ahí intentaba comprende qué había ocurrido y porque unos días antes nos avisaron tus abuelos que la estaba desalojando, y que afuera existiera una manta que al menos en mi mente dice algo como "Seguimos atendiéndolos, seguimos en pie  #FuerzaMéxico".

Fue un par de semanas después, tal vez tres, que justo veníamos de dejar a tu papá en la Parroquia de Guadalupe, que tú y yo, primero pasamos por primera vez frente a Miramontes y luego no sé porqué nos fuimos frente a la japonesa... que pude ver cómo había grietas muy profundas en varios de los muros de la construcción.

Justo cuando pensé que en mi caso me encuentro más tranquila y fuerte respecto a lo ocurrido. Tu abuela antes de las siete de la mañana de hace uno o dos días, me comentó cómo una cuestión que desde ese martes 19 se nos ha hecho casi que cotidiana... "están demoliendo la japonesa". Y así como ahora que te escribo esto se me sueltan las lágrimas... en ese momento no pude más que llorar y sentir como si una parte de mi estuviera también derrumbándose en espera de una reconstrucción.


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